Friday, August 27, 2010

¿Quién, si yo gritase, me oiría desde los coros de los ángeles?
Y aún suponiendo que alguno de ellos me acogiera de pronto en su corazón,
yo desaparecería ante su existencia más poderosa.
Porque lo bello no es sino el comienzo de lo terrible,
ese que todavía podemos soportar,
y lo admiramos tanto porque, sereno, desdeña el destruirnos.

Todo ángel es terrible.

Y así me contengo, sofocando el llamado seductor de oscuros sollozos. Ay, ¿a quién podemos recurrir entonces? A los ángeles no, a los seres humanos tampoco y los astutos animales
advierten ya que no estamos muy confiados y como en casa en el mundo interpretado.
Tal vez nos queda todavía algún árbol en la ladera que podamos contemplar de nuevo cada día,
nos queda la calle de ayer y la mimada fidelidad de una costumbre que se complació en nosotros
y así permaneció y ya no se fue.

Oh, y la noche, la noche, cuando el viento lleno de espacio sideral nos muerde el rostro;
¿a quién no le queda al menos ella, la anhelada, que nos decepciones suavemente
y con esfuerzo aguarda el corazón de cada cual? ¿es la noche más leve para los enamorados?
Ay, ellos se ocultan uno al otro su destino.
¿Aún no lo sabes? Arroja desde los brazos el vacío
hacia los espacios que respiramos; quizá de modo que los pájaros sientan el aire ensanchado con un vuelo más íntimo.

Sí, al parecer las primaveras te necesitaban.
Algunas estrellas te exigían que las percibieras.
En el pasado se levantaba, acercándose, una ola
o cuando pasabas tú junto a la ventana abierta
se te entregaba un violín. Todo era misión.
¿Pero pudiste con ello? ¿No estabas todavía
distraído por las expectativas como si todo
te anunciara una amada? (¿Dónde quieres albergarla,
cuando grandes y extraños pensamientos entran y salen de ti
y a menudo se quedan por la noche?) Pero,
si te abruma la nostalgia, canta a los amantes; mucho falta todavía
para que su célebre sentimiento sea lo bastante inmortal.
Y a esos abandonados que tú casi envidias y a quienes encontraste
aún más capaces de amar que a los satisfechos.
Una y otra vez recomienza la alabanza inalcanzable;
piensa: el héroe perdura y hasta su mismo ocaso
fue para él sólo un pretexto para ser: su último nacimiento.
Pero la naturaleza, agotada, recoge de vuelta a los amantes
en su seno, como si le faltaran las fuerzas
para llevar a cabo dos veces la tarea. ¿Has pensado bastante
en Gaspara Stampa, para que así alguna muchacha
a quien dejó su amado, ante el ejemplo señero de esta amante,
sienta: y si yo llegase a ser como ella?
¿No deberían, al fin, hacérsenos más fecundos estos viejos dolores?
¿No es tiempo ya de liberarnos, amando, del amado
y de resistir estremecidos, como resiste la flecha a la cuerda,
para ser, concentrada en el salto, más que ella misma?
Porque no hay permanecer en parte alguna.

Voces, voces. Escucha, mi corazón, como antaño
sólo escuchaban los santos, de tal modo que el llamado gigantesco
los alzaba del suelo; pero ellos, los imposibles,
seguían ahí de rodillas, indiferentes:
Así estaban escuchando. no es que tú puedas soportar
la voz de Dios, ni mucho menos. Pero escucha el soplo,
el mensaje incesante que se forma del silencio.
Ahora susurra hacia ti desde aquellos jóvenes difuntos.
Donde quiera que entraste, ¿no te habló quedamente
su destino en iglesias de Nápoles y Roma?
¿O se te impuso, sublime, una inscripción en relieve,
como recientemente esa lápida en Santa María Formosa?
¿Qué quieren ellos de mí? En voz baja debo deshacer
la apariencia de injusticia que limita un tanto a veces
el puro movimiento de sus espíritus.

Por cierto que es extraño no habitar más la tierra,
no seguir practicando las costumbres apenas aprendidas,
no dar el dignificado de un porvenir humano a las rosas
y a tantas otras cosas llenas de promesas;
no seguir siendo lo que uno era
en unas manos infinitamente angustiadas
o incluso dejar de lado el propio nombre
como un juguete destrozado.
Es extraño el no seguir deseando los deseos. Es extraño
ver y ondear libre en el espacio todo lo que antes se amarró.
Y el estas muerto es laborioso y tan lleno de recuperaciones
que sólo lentamente percibe uno algo de eternidad. Pero los vivos
cometen todo el error de distinguir con demasiada vehemencia.
Los ángeles (se dice) no sabrían a menudo
si andan entre los vivos o los muertos.
A través de ambas regiones el eterno fluir
siempre arrastra consigo a todas las edades, acallándolas.

Por último, ya no nos necesitan ellos, los que se fueron temprano;
suavemente uno se va desacostumbrando de lo terrenal, así como
se emancipa con ternura de los pechos de la madre. Pero nosotros,
que tenemos necesidad de tan grandes misterios, de los cuales,
y desde la tristeza, surge a menudo una prosperidad bienaventurada:
¿podríamos existir sin ellos? ¿Es vana la leyenda de que antaño,
en el lamento funerario por Lino, la primera música, osada,
atravesó el árido estupor; y que recién en aquel espacio dominado
por el terror, del cual el joven semidiós escapó de pronto y para siempre,
entró el vació mismo en aquella vibración
que aún ahora nos arrebata, nos consuela y nos ayuda?



i'm still remembering

Todavía recuerdo la sensación de tu presencia,
el calor y la luz que se desprendían de ti estando quieta y en silencio,
esa radiación que yo absorbía y que me alimentaba.

Recuerdo cómo me perdía en la profundidad de tu mirada celeste,
y también lo adicta que me hice a tu voz de niña desde el primer momento.
Aún me acuerdo de lo nerviosa que me ponías al principio,
y que nunca dejó de acelerárseme el pulso cada vez que te veía.

Recuerdo aún el olor de tu pelo en la mañana,
el sabor de tu lóbulo,
la exquisita curva al final de tu espalda,
y ese lunar que te ponía nerviosa.

Recuerdo todos los nombres tontos que nos inventamos,
y ese idioma pueril con el que nos comunicábamos.

Recuerdo la forma exacta que tomaban tus ojos
cada vez que explotabas en una carcajada,
y cómo te tiritaba el labio inferior cuando estabas a punto de llorar.

Recuerdo el tacto de tu cintura,
el olor de tu cuello,
y el movimiento de tus manos pequeñas cada vez que hablabas en serio.

Recuerdo tus besos,
tus abrazos,
tus inseguridades y tus fortalezas.

Lo recuerdo todo.
No he olvidado ni un sólo detalle.

Y todos esos recuerdos se mantienen tan presentes
como la cicatriz de una amputación,
como un dolor fantasma que viene desde alguna parte
y se va para volver siempre otra vez.


Wednesday, August 04, 2010

A timeless word, the meanings changed
But I'm still burning in your flames,
Incessant, lustral masquerade,
Unengaged, dilit love didn't taste the same

And I still wonder if you ever wonder the same
And I still wonder.