Acaso pensé que algo podría ser más importante que su enorme ego?
No me imaginé que sólo bastaría que alguien más apareciera a alimentar ese narciso monstruo?
Me tragué enterita la propaganda de buena persona. Yo misma me tapé los ojos y oídos para seguir creyendo. Voluntariamente me arrodillé y puse la cabeza en el riel del tren mientras lo veía acercarse implacablemente. Y llegó. Y me golpeó tan fuerte. Y me reventó el cráneo.
Y así estoy ahora, recogiendo los pedazos, mientras siento que todas mis vísceras tratan de escapar por mi boca. Rearmándome una vez más.

